Gran Guerra 1914-1918

La Gran Guerra (o Primera Guerra Mundial) 7

Barbara W. Tuchman, Los cañones de agosto. Treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo, Barcelona, Península, 2004. T.O.: The guns of August, 1962.

tuchman

Quizá la obra más famosa sobre la Primera Guerra Mundial, con razones en sí mima para serlo, pero también por motivos comerciales y de coincidencia histórica. Una de las más famosas es que John F. Kennedy leyó este libro antes de la crisis de los misiles de Cuba y que influyó en él para moderar sus impulsos belicistas en ese grave momento. No es propiamente una historia de la Gran Guerra, sino un relato de sus primeros momentos pensado para que el lector devore con ansia cada página. Tuchman lo consigue: construye retratos coloristas y muy vivos de los protagonistas, pone ante los hechos de tal manera que parecen estar ocurriendo ante los ojos del lector, y dosifica la información de forma que el acontecer del pasado parece sincronizarse con la lectura. En algunos aspectos los conocimientos que ofrece han sido superados, en estilo no: es ya un clásico.

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Cuando los Estados Unidos decidieron ir a la guerra en Europa

Zimmermann

Tuchman, Barbara W., El telegrama Zimmermann. El documento secreto que cambió el curso de la Primera Guerra Mundial, Madrid, Rba, 2010
Supongo que este es el típico caso de monografía: la historia de un telegrama. Ahora bien, el caso lo justifica, y la historia es para disfrutarla. De hecho es una historia de espías reales, con alemanes, mexicanos, norteamericanos, británicos, suecos y japoneses como actores. Y de matemáticos descifrando códigos, y de submarinos y de conversaciones en el despacho oval de la Casa Blanca… Con los años 1916-1917 como marco, y con el denso telón de fondo de la Gran Guerra.
El asunto puede parecer demasiado especializado y realmente exige conocer al menos someramente el contexto de los contendientes y las circunstancias de la guerra, pero es fácil seguir la narración. Tuchman, como siempre, demuestra maestría escribiendo, aunque este no sea su mejor libro. Por cierto, el original es de 1958. Ya que lo digo… pienso que si este libro sigue siendo tan actual es por el tipo de interpretación que adopta, nada ideológica, ceñida a la descripción y comprensión de personas y  naciones, esos grandes protagonistas de la historia.
Sólo hay que lamentar algunos fallos en la traducción, a veces de puntuación.
Y, la gran pregunta antes de leerlo: ¿cómo un país que mayoritariamente detestaba la idea de ir a la guerra en Europa pudo cambiar de opinión en unas pocas semanas?
A disfrutarlo.

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Un retrato del mundo antes de la Primera Guerra Mundial: la Torre del orgullo

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Tuchman, Barbara W., La torre del orgullo. 1890-1914. Una semblanza del mundo antes de la Primera Guerra Mundial, Barcelona, Península, 2007, 527 pp.
T. o.: The proud Tower: A Portrait of the World Before the War, 1890-1914, New York: Macmillan ; London: Hamilton, 1966
Una traducción más literal del título en inglés hubiera sido más justa con la obra. Barbara W. Tuchman (Nueva York 1912-1989) que destacó por su habilidad retratando personas, intentó en esta obra retratar una época. La tesis del libro es sencilla de enunciar: la que más tarde se conoció como época hermosa —la Belle Epoque— resultó hermoseada en el recuerdo a causa del horror que se vivió tras ella: la Gran Guerra (1914-1918). Pero si se la mira con detenimiento se aciertan a descubrir en ella los rasgos tenebrosos que no faltan en ningún tiempo. Es más, se advierte cómo germinaban en ella las semillas que tan amargo fruto dieron.
De algún modo este libro es una secuela de su espléndido Cañones de agosto, centrado precisamente en la Gran Guerra. La torre del orgullo es una indagación en las causas del estallido de la conflagración, en las raíces del mal que se eclosionó en 1914, una de esas preguntas que desafían la interpretación de la historia de occidente.
Tuchman elabora una respuesta a ese interrogante en un retablo de ocho escenas: la alta sociedad británica y su gobierno del mayor imperio del mundo, el anarquismo o el terrorismo fanático con que los desesperados creyeron luchar por un mundo ideal, el comienzo de la aventura imperial de los Estados Unidos fuera del continente americano, el acerado debate político interno en la Francia de finales del siglo XIX, las relaciones diplomáticas y el belicismo en la era de la paz armada, el tormento y el éxtasis de la vida cultural alemana, el comienzo de la vida política democrática en la Inglaterra postvictoriana, y el socialismo frente al patriotismo y la guerra.
Cada una de las escenas está habitada por personajes minuciosamente retratados unas veces, y otras sólo esbozados. Casi nunca falta en el discurso de Tuchman la descripción física de los actores de la historia que relata. Consigue así dotar a su composición de una enorme plasticidad, que resulta reforzada por su inteligente y prolífico manejo de las citas y de las referencias cruzadas: el lector tiene la impresión de ver a los protagonistas, escuchar sus conversaciones y sentir el ambiente en que se desenvolvían.
Quizá el cuadro resulte demasiado centrado en occidente. Seguramente no cabía introducir fácilmente otros factores en la obra. Puede que esa sea la razón por la que la autora escribió años más tarde otra obra que le valdría un segundo premio Pulitzer: Stilwell and the American Experience in China, 1911-1945. En todo caso, la argumentación resulta marcadamente atlántica, Asia o África apenas si aparecen, y el mundo Mediterráneo lo hace sólo de forma marginal. Con todo, España figura como protagonista de primera línea en dos momentos de resonancia mundial de nuestra historia: el asesinato de Cánovas por un anarquista, y la guerra contra los Estados Unidos en 1898.
Alguna decisión sorprendente confiere cierta genialidad a la obra, como por ejemplo elegir el retrato del compositor Richard Strauss para evocar la Alemania de preguerra. Cierto que el Kaiser aparece como un actor secundario, y Nietzsche como la fuente de la opinión allí triunfante entonces, pero eso no obsta para que resulte notable la elección de un músico para describir el «heroísmo brutal que flotaba en el aire» germano de esos años.
En su interpretación de conjunto, la obra sigue los cánones liberales anglosajones de interpretación política y social: realista y marcadamente empirista. La salva hasta cierto punto del materialismo la calidad del análisis sicológico de los protagonistas. Si, además, se concede que uno de los mejores tributos al espíritu es el sentido del humor, cabe fácilmente disculpar la casi nula entidad que reconoce a las realidades espirituales. Quizá por eso, casi todo sea en este libro un fino bosquejo de cómo el poder de los hombres está siempre impregnado de fragilidad, y cómo su orgulloso disfrute lleva muchas veces aparejada la maldición de la ceguera.
Pablo Pérez López

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Un retrato del mundo antes de la Primera Guerra Mundial: la Torre del orgullo

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Tuchman, Barbara W., La torre del orgullo. 1890-1914. Una semblanza del mundo antes de la Primera Guerra Mundial, Barcelona, Península, 2007, 527 pp.
T. o.: The proud Tower: A Portrait of the World Before the War, 1890-1914, New York: Macmillan ; London: Hamilton, 1966
Una traducción más literal del título en inglés hubiera sido más justa con la obra. Barbara W. Tuchman (Nueva York 1912-1989) que destacó por su habilidad retratando personas, intentó en esta obra retratar una época. La tesis del libro es sencilla de enunciar: la que más tarde se conoció como época hermosa —la Belle Epoque— resultó hermoseada en el recuerdo a causa del horror que se vivió tras ella: la Gran Guerra (1914-1918). Pero si se la mira con detenimiento se aciertan a descubrir en ella los rasgos tenebrosos que no faltan en ningún tiempo. Es más, se advierte cómo germinaban en ella las semillas que tan amargo fruto dieron.
De algún modo este libro es una secuela de su espléndido Cañones de agosto, centrado precisamente en la Gran Guerra. La torre del orgullo es una indagación en las causas del estallido de la conflagración, en las raíces del mal que se eclosionó en 1914, una de esas preguntas que desafían la interpretación de la historia de occidente.
Tuchman elabora una respuesta a ese interrogante en un retablo de ocho escenas: la alta sociedad británica y su gobierno del mayor imperio del mundo, el anarquismo o el terrorismo fanático con que los desesperados creyeron luchar por un mundo ideal, el comienzo de la aventura imperial de los Estados Unidos fuera del continente americano, el acerado debate político interno en la Francia de finales del siglo XIX, las relaciones diplomáticas y el belicismo en la era de la paz armada, el tormento y el éxtasis de la vida cultural alemana, el comienzo de la vida política democrática en la Inglaterra postvictoriana, y el socialismo frente al patriotismo y la guerra.
Cada una de las escenas está habitada por personajes minuciosamente retratados unas veces, y otras sólo esbozados. Casi nunca falta en el discurso de Tuchman la descripción física de los actores de la historia que relata. Consigue así dotar a su composición de una enorme plasticidad, que resulta reforzada por su inteligente y prolífico manejo de las citas y de las referencias cruzadas: el lector tiene la impresión de ver a los protagonistas, escuchar sus conversaciones y sentir el ambiente en que se desenvolvían.
Quizá el cuadro resulte demasiado centrado en occidente. Seguramente no cabía introducir fácilmente otros factores en la obra. Puede que esa sea la razón por la que la autora escribió años más tarde otra obra que le valdría un segundo premio Pulitzer: Stilwell and the American Experience in China, 1911-1945. En todo caso, la argumentación resulta marcadamente atlántica, Asia o África apenas si aparecen, y el mundo Mediterráneo lo hace sólo de forma marginal. Con todo, España figura como protagonista de primera línea en dos momentos de resonancia mundial de nuestra historia: el asesinato de Cánovas por un anarquista, y la guerra contra los Estados Unidos en 1898.
Alguna decisión sorprendente confiere cierta genialidad a la obra, como por ejemplo elegir el retrato del compositor Richard Strauss para evocar la Alemania de preguerra. Cierto que el Kaiser aparece como un actor secundario, y Nietzsche como la fuente de la opinión allí triunfante entonces, pero eso no obsta para que resulte notable la elección de un músico para describir el «heroísmo brutal que flotaba en el aire» germano de esos años.
En su interpretación de conjunto, la obra sigue los cánones liberales anglosajones de interpretación política y social: realista y marcadamente empirista. La salva hasta cierto punto del materialismo la calidad del análisis sicológico de los protagonistas. Si, además, se concede que uno de los mejores tributos al espíritu es el sentido del humor, cabe fácilmente disculpar la casi nula entidad que reconoce a las realidades espirituales. Quizá por eso, casi todo sea en este libro un fino bosquejo de cómo el poder de los hombres está siempre impregnado de fragilidad, y cómo su orgulloso disfrute lleva muchas veces aparejada la maldición de la ceguera.
Pablo Pérez López

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