Publicaciones propias

Una panorámica de los años 60 del siglo XX: «El mundo en que vio la luz el Concilio»

Esta publicación recoge mi visión de los años en que se desarrolló el Concilio Vaticano II. Convocado en 1959 por Juan XXIII, sus sesiones se desarrollaron entre 1962 y 1965. Estas páginas intento trazar una panorámica de la situación mundial en los años del Concilio Vaticano II, dicho de otra forma, decir algo de lo que podríamos llamar el poder terrenal en ese tiempo, ya que esa suele ser la circunstancia más relevante cuando se mira nuestro pasado desde el punto de vista de la historia general.
Está estructurado en torno a tres elementos: las relaciones internacionales, la situación en los Estados Unidos, en el mundo soviético, y en los nuevos países.

Como apunto en las conclusiones, si hubiera que resaltar alguna característica particular de aquellos años, pienso que se podría resumir en la idea de que, a pesar de las sombras, muchos pensaban estar construyendo un mundo nuevo. La sensación de vivir en un mundo joven y renovado empapa todo el acontecer y está en la base de muchos de los proyectos que formulaban entonces. Un mundo mejor parecía al alcance de la mano, especialmente para los que no se conformasen con otro peor y caduco del que era necesario desprenderse. Solo parecía cuestión de desearlo con suficiente intensidad, y ciertamente entusiasmo no faltó ni en los deseos ni en los medios para intentar alcanzarlo.

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Personajes de fe que hicieron historia: nuevo libro

Acaba de salir un nuevo libro que he coordinado. Son seis breves semblanzas de personajes históricos mirados desde la perspectiva de sus creencias. Hemos elegido una gobernante de finales de la Edad Media, Isabel de Castilla; el primer gobernante cristiano en Asia, Legazpi; Charles de Gaulle, Presidente de la República Francesa; un técnico que hizo arte, Gaudí; un artista que hizo comunicación, John Ford; y un científico que imaginó el Big Bang, Georges Lemaître. La lectura es breve y pienso que interesante. Espero que guste y enlazo aquí14pdfqhh_med la introducción. Y dejo la ficha con información de la editorial: 117103 ¡Merece la pena leerlo!

Aquí se puede escuchar una entrevista sobre la obra (14′ el 5/7/14)

 

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«La culpa histórica de Francia (y Occidente)»

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Pablo Pérez López y José-Vidal Pelaz López en Caleidoscopio cinematográfico: Caché en la obra de Michael Haneke, Valladolid, Publicaciones de la Universidad de Valladolid, 2010, pp. 39-62

Dentro de este libro dedicado al análisis del film de Michael Haneke Caché (2004), hemos elaborado este capítulo que se ocupa de la película desde el punto de vista de la Historia.

Como señalamos en la conclusiones «Caché plantea la historia como un ejercicio de conciencia, como una pregunta acerca de la propia conducta. El modo en que la plantea es problemático para el historiador por una razón elemental: parece admitir que existe una versión de la historia perfectamente objetiva y fiel a los hechos. Eso serían las grabaciones de vídeo que se nos presentan en la película. Son problemáticas justamente por la ausencia de responsable del hecho mismo del registro y de la elección del punto de vista, que son también la razón por la que aparecen rodeadas de una aureola de objetividad. Entendidas así, constituirían un reflejo perfecto de la historia. Es decir, no serían propiamente historia, sino presente, visto desde otro momento. No son un conocimiento del pasado, verdadero aunque mediatizado por la mente del historiador. Lo inquietante aquí es que no hay mediador alguno. Esa es, por otra parte una pregunta con la que el espectador se levanta de la butaca después de ver Caché: ¿quién grabó esos vídeos?

Esa visión perfecta del pasado no es propia del conocimiento humano, que cuenta siempre con mediadores. La visión de la Historia tal cual fue, o mejor, tal cual es, así, en presente, sólo sería posible para una mente infinita y eterna, atributos que se suelen reservar a la divinidad. Ahora bien, de Dios no hay ni rastro en la película. No aparece. En ese sentido Caché refleja bien la situación de occidente o, al menos de algunos intelectuales en occidente, que ocupan o entienden ocupar la posición predominante. Podríamos resumir su postura diciendo que empezaron endosando a Dios, al menos a la idea de Dios, la responsabilidad de todos los males en la Historia. La conclusión lógica fue que suprimiéndolo se evitarían en el futuro el mal. Pero, una vez rechazada la idea de Dios, la presencia del mal no ha desaparecido. Ni tampoco la de la culpa: sigue vivo el empeño por encontrar responsables del mal. La cuestión es dar con ellos. La solución que parece haberse encontrado es responsabilizar a los poderosos, a los que ejercen o ejercieron el gobierno o el poder en sentido amplio, identificados como opresores, también en un sentido muy amplio. Es así que occidente ha sido la cultura dominante en el pasado —al menos el moderno y contemporáneo—, ergo occidente es el culpable de los males del mundo. […]»
El texto completo está disponible aquí.
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El Islam y España

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Martín de la Hoz, José Carlos, El Islam y España, Madrid, Rialp, 2010

España es uno de los pocos países que ha sido islámico y ha dejado de serlo. Según alguno de nuestros historiadores más destacados este hecho ha dejado una marca indeleble en nuestra manera de ser. Esta obra de divulgación, ofrece un recorrido por toda esa historia en menos de 250 páginas.
Inevitablemente la descripción y la colección de datos básicos ocupa una parte importante del trabajo, pero su autor, especializado en Historia de la Iglesia, consigue hacerlo ameno y comprensible, añadiendo algunos comentarios clarificadores, suyos o de otros autores. De hecho es algo así como un resumen de buena parte de la bibliografía relevante sobre el tema, a un nivel de alta divulgación.
Arranca del nacimiento del Islam y llega hasta ocuparse de su “vuelta” en nuestros días.
Vale muy bien como iniciación al conocimiento del asunto, ahora que cobra cada vez más interés.
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¿Qué sabemos del Islam?

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Samir Khalil Samir, Cien preguntas sobre el Islam, Madrid, Encuentro, 2003, 223 pp.

Dos periodistas italianos, uno de ellos de origen libanés, Giorgio Paolucci y Camile Eid, dan formato de conversación o entrevista a esta interesante colección de declaraciones de Samir Khalil Samir, egipcio, cristiano y jesuita. Es decir, preguntan acerca del Islam a un cristiano descendiente de cristianos que llevan 13 siglos conviviendo con el Islam. El hecho de que el entrevistado sea un intelectual interesado doblemente en el tema, con varios libros y centenares de artículos publicados, facilta la claridad de planteamientos.
El resultado es muy interesante y resultará clarificador para un público muy amplio: en general el conocimiento que tenemos del Islam es bastante escaso. Se trata de sus fundamentos, la posibilidad de que cambie, la cuestión de los derechos humanos y de la relación con Europa y con el cristianismo.
El punto de vista elegido es religioso, pero sin obviar cuestiones puramente culturales y políticas. El resultado es respetuoso y en mi opinión aleccionador. Una magnífica introducción al Islam.
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Causas sagradas. Religión y política en Europa

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Sacred Causes. Politics and Religion in Europe

Esta segunda entrega del análisis de las relaciones entre religiones y vida pública en la Europa contemporánea bien puede calificarse de apasionante (para la primera, “Poder terrenal”, cfr. Aceprensa 8/06). Para los que no se hayan acercado a la obra, conviene adelantar que Michael Burleigh se ocupa en ella de ese espacio intermedio entre la historia general y la del cristianismo, “donde cultura, ideas, política y fe religiosa se encuentran en un terreno para el que no consigo encontrar una designación satisfactoria”.

Quizá lo más importante de esta obra es que pone de relieve que es imposible entender la Europa contemporánea sin conocer la historia del cristianismo en los dos últimos siglos. Esto, en una época en que en los libros de Historia apenas se encuentran referencias a Dios y a la religión, no es escasa muestra de inteligencia ni de libertad de juicio.

La obra parte de las consecuencias de la Gran Guerra (1914-1918) y llega hasta finales de 2005, con referencias incluso a las ideas sobre la sociedad laica que caracterizan al gobierno español de ese año. Aunque centrado en Europa, el libro contiene referencias numerosas a corrientes y sucesos americanos con especial eco en nuestro continente. Se apoya en una bibliografía abundante y sólida, fundamentalmente anglonorteamericana y alemana, pero también francesa, aunque en absoluto española.

Podemos encuadrarlo en la corriente historiográfica de los conservadores británicos: impugna de forma explícita las opiniones de las corrientes marxistas y posmarxistas, dominantes en lo que denomina “la universidad de izquierda”, es decir, la que tenemos. Su actitud ante el hecho religioso es atenta y perspicaz, aunque se deja ver que no es la de un creyente. Más bien es un churchilliano profundamente convencido del valor de la cultura occidental, consciente de cuánto esa cultura debe al cristianismo y del desastre que sobrevendría de perder esa raíz. Al fin y al cabo su obra es también una colección de ejemplos de lo que ha sucedido cuando el cristianismo ha sido desplazado y sustituido por otras religiones, especialmente las que se han dado en llamar “religiones políticas” o también ideologías secularizadoras.

El comienzo recrea la espiral de vértigo que vivió Europa de la mano de las religiones políticas totalitarias: comunismo, nazismo y fascismo, y desemboca en el infierno de la Segunda Guerra Mundial y el papel desempeñado en ella por el cristianismo y las religiones de sustitución. Quizá lo más interesante sea su estudio del comportamiento de Pío XII y de la Iglesia católica. Las enjundiosas aportaciones sobre quiénes y cuándo comenzaron con las acusaciones sobre el “silencio” de este Papa son muy recomendables para cristianos acomplejados.

Otro elemento que me parece interesante en la obra es la atención prestada a la guerra de España como escenario privilegiado del choque de cristianización y descristianización en la Europa contemporánea. Las brillantes aportaciones del autor y sus discutibles opiniones son una llamada a seguir pensando sobre esta siempre candente cuestión.

El estudio de la posguerra atiende a la construcción de un mundo sin libertad, el comunista, y del efímero éxito de las tendencias demócrata-cristianas. De ahí pasa a un análisis de los sesenta que considero una de las partes más valiosas de su trabajo, quizá precisamente porque son años que suelen evocarse como de pérdida de importancia de la religión cuando quizá tengamos que decir lo contrario. Su descripción de lo que él llama la alternativa bobalicona (al estilo John Lennon) y los efectos del Vaticano II en los católicos, que aventura que convirtieron la fortaleza cultural católica en un colador, es difícil que dejen a alguien indiferente.

Burleigh se pone a prueba a sí mismo con un tremendo capítulo sobre política y religión en torno al problema de Irlanda del Norte, que da pistas sobre asuntos que algún día podríamos pararnos a pensar en España. Para el conocimiento del Reino Unido y de Irlanda me parece una excelente aportación. Termina con dos capítulos centrados respectivamente en el resurgir religioso que terminó con el comunismo y el terrorismo islamista. La mera evocación del contrapunto de estos dos hechos sirve para poner ante el desafío de pensar de nuevo la religión en la vida pública europea, un tema que, como demuestra este magnífico libro, nunca deja de estar de moda.

Pablo Pérez López

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Política y religión. En torno a unos mártires.

El 28 de octubre de 2007 la Iglesia Católica eleva a los altares a 498 hombres y mujeres españoles que murieron por razón de su fe en los revueltos años treinta en España. He leído un artículo de Henri Tincq en Le Monde que me parece una deformación grave de los hechos y su valoración histórica.
Le he escrito la siguiente nota que remití también al diario:
Cortèges espagnols
J’ai pu lire l’article de M. Henri Tincq paru dans Le Monde du 23 octobre sur la béatification des martyrs de la persécution religieuse en Espagne dans les années trente. J’y ai trouvé des aperçus très intéressants, tandis que d’autres affirmations me semblent pouvoir être complétées ou nuancées. Appeller provocation la célébration de la mémoire des personnes qui ont été tuées à cause de sa foi, sans lutter, tout en pardonnant alors qu’elles attendaient sous les verrous leur exécution, souvent au terme de parodie de procès, me semble quand même laisser de côté le cœur de la question, et constitue, à mes yeux, une grave injustice.
Quelques données historiques importantes éclairent un peu différemment les affirmations de l’article. Ainsi, par exemple, l’Eglise espagnole a fait grand cas des crimes des nationalistes. Le cardinal Pacelli, futur Pie XII, tenta d’obtenir de Franco des conditions de reddition honorables pour les prêtres engagés du côté des nationalistes basques, ce que le général refusa. On sait ce qui leur arriva. Le Cardinal Gomá protesta fermement devant Franco contre cette exécution de quatorze prêtres nationalistes basques. Quoi qu’il soit bien différent de parler de ces prêtres, intégrés dans des unités militaires, que des prêtres, séminaristes, religieux ou religieuses qui n’ont jamais songé à participer à une quelconque formation armée et ont été tués, en effet, par haine de la foi, comme le souligne avec justice M. Tincq.
L’absence d’un plan gouvernemental pour tuer ces personnes n’apporte rien, à mon avis, sur le caractère – ou non – de martyrs de ces victimes. Cela éclaire simplement les ciconstances partisanes, locales ou régionales de ces raids qui aboutissaient aux massacres évoqués. Cependant, des listes nominales existaient – les historiens de cette période les évoquent dans leurs travaux – et cela prouve une certaine préméditation. Certains groupes et partis, qui avaient le pouvoir de contrôler la rue, encourageaient leurs militants à faire rage contre les croyants en tant que croyants. L’affaissement du pouvoir étatique et le désordre du camp républicains dessinent une conjoncture qui ne suffit pas cependant à expliquer la haine manifestée contre les croyants.
La chronologie est, elle, très importante : les martyrs de 1934, avant la guerre civile, ne sont pas une anecdote. Ils montrent comment l’Église et les catholiques ont souffert des attaques en silence avant l’éclatement de la guerre. Il ne faut donc pas oublier ces épreuves qui ont précédé la guerre civile au risque de déformer l’histoire. Quand la guerre éclate, le déferlement de la persécution religieuse a contraint les évêques au ralliement à Franco. La figure du cardinal Gomá en est sans doute l’une des meilleurs illustrations. Auteur de la lettre collective des évêques espagnols de 1937 aux catholiques du monde entier, le cardinal Gomá utilise le mot de croisade. L’Église espagnole a depuis reconsidéré ce texte en soulignant les circonstances exceptionnelles et le climat anti-catholique dans lequel il a été écrit. En 1986, à l’occasion du cinquantième anniversaire de la Guerre, la conférence épiscopale publia un document – Constructeurs de la Paix– qui rappelle que « des causes religieuses furent présentes dans l’affrontement entre Espagnols » et que « si l’Église ne prétend pas être libre de toute erreur, ceux qui lui reprochent de s’être alignée sur Franco doivent prendre en compte la dureté de la persécution religieuse depuis 1931 ». En 1999, un autre document épiscopal insiste sur la nécessaire réconciliation : « le sang de tant de nos concitoyens versé comme conséquence des haines et vengeances, toujours injustifiables, et dans le cas de beaucoup de nos frères et sœurs comme offrande martyrisée de la foi, continue de crier vers le Ciel pour demander paix et réconciliation ».
La distinction entre politique et religion peut paraître subtile (trop, affirme l’auteur de l’article), mais elle me semble très nécessaire: des milliers de personnes on donné leur vie pour leur religion. D’autres milliers de personnes ont lutté pour imposer leur politique par les armes et en tuant. Voilà la subtile différence. Voilà pourquoi je pense que la célébration de ces martyrs ouvre un chemin de paix et réconciliation, et je crois qu’ils sont un cortège lumineux pour les Espagnols et aussi, pourquoi pas, pour le pape. Pour ces martyrs ni l’Eglise ni personne ne doit demander pardon. Au contraire, ce serait à nous de leur demander de nous pardonner pour ne pas comprendre comme il faut le sens de leur énorme sacrifice.

Pablo Pérez López est professeur d’Histoire Contemporaine à l’Université publique de Valladolid (Espagne). Spécialiste de l’histoire politique et culturelle de la Castille, il a récemment publié Católicos entre dos guerras. La historia religiosa de España en los años 20 y 30, Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.

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