Transición española a la democracia

Acerca de otro presidente, Leopoldo Calvo-Sotelo

Nueva Revista de política, cultura y arte, me publica el artículo «El lector que presidió el gobierno». Es una reseña de su libro de memorias Memoria viva de la transición. En estos días en que se ha hablado más de esos años estoy seguro de que ese libro resultaría una lectura muy interesante para muchas personas. Es un libro que merece relectura.

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Occidente: concepto y proyecto

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Nemo, Philippe, ¿Qué es Occidente?, Madrid, Gota a gota, 2008, 164 pp.
Philippe Nemo, catedrático de Historia de las Ideas Políticas en París, ofrece en esta breve obra uno de los puntos de vista más sugerentes que he encontrado sobre este asunto. Nemo sostiene que hay cinco acontecimientos esenciales que han configurado lo que hoy es occidente y su manera de vivir, y aboga por la formación de una confederación política de los países que lo integran.
La definición que hace es valiente e interesante. No pienso que deje a nadie indiferente su lectura. La he encontrado muy cargada de razón y recomendable. Si su idea tiene posibilidades de ir adelante hoy parece que son pocas. Pero nunca se sabe qué será del futuro. No sé si nos ayudará a hacer algo nuevo pero, desde luego, ayuda a pensar.

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Juan Manuel Reol Tejada. Un burgalés liberal

Ha fallecido en Madrid el 9 de septiembre, a los 75 años, Juan Manuel Reol Tejada, el burgalés que fuera primer presidente del Consejo General de Castilla y León entre 1978 y 1980. Farmacéutico de formación, con un brillante expediente académico, se incorporó al cuerpo de Farmacéuticos de la Sanidad Nacional, en el que desarrolló investigaciones sobre medicamentos. Como otros altos funcionarios de su generación, ingresó en política en los últimos años del franquismo y nutrió las filas de los reformistas que protagonizaron la transición a la democracia. Concejal del Ayuntamiento de Burgos en 1968, en 1971 ocupó por vez primera un alto cargo en la administración, relacionado con su oficio, pero ya con contenido político: subdirector general de Farmacia.
Su dedicación a la política se hizo más intensa en la transición. Ingresó en el Partido Liberal de Enrique Larroque, y con él en la UCD, por la que salió elegido diputado por Burgos en las elecciones de 1977 y 1979. En 1977 fue nombrado Director General de Ordenación Farmacéutica, cargo desde el que promovió una reforma en 1978. Ese mismo año ligó su carrera a la construcción de la autonomía de Castilla y León, al ser nombrado presidente de la Junta de Consejeros del Consejo General, el órgano preautonómico que preparaba la construcción de una nueva entidad política y administrativa en nuestra tierra.
La gestión de Reol al frente del Consejo fue tarea difícil, pese a que, por su talante liberal, fue bien recibido por todos los grupos. Le tocaba abrir camino con las instituciones preautonómicas en una tierra donde el deseo de autogobierno no era en absoluto una prioridad. La práctica ausencia de empuje popular al que remitirse dejaba el asunto en manos de los políticos, lo que significaba que la cuestión podía teñirse fácilmente de partidismos o personalismos. Pudo capear la oposición casi obstruccionista de Alianza Popular o el PSOE, que llegó incluso a retirarse del Consejo General amenazando con paralizar el proceso. Los particularismos provinciales y personales fueron, sin embargo, fuente de todavía peores dificultades: Reol lamentó la renuncia de Logroño y Santander a incorporarse al proceso, y cuando vio resuelta la incorporación de León, tuvo que enfrentar la revuelta de los centristas de Segovia liderados por Modesto Fraile y dispuestos a sacar a la provincia del proceso autonómico de Castilla y León.
Quizá por su experiencia en este tipo de dificultades, fue nombrado secretario general de Política Territorial de la UCD a finales de 1979. Arguyendo exceso de trabajó presentó la dimisión de su cargo de Presidente del Consejo General de Castilla y León, que abandonó efectivamente en julio de 1980. Siguió trabajando en política territorial los años siguientes desde su nuevo puesto: participó en la negociación de los pactos autonómicos entre la UCD y el PSOE, firmados en 1981, y promovió el nacimiento de la Federación Española de Municipios y Provincias.
Cuando la UCD se deshizo por efecto de su desmoronamiento interno, Reol abandonó la vida política, pero no la vida pública: además de ejercer su profesión, siguió presente en la actividad cultural a través de su actividad en la Real Academia de Farmacia, que presidió desde 2001, y apoyó activamente iniciativas como la promoción de centros universitarios de Burgos, la Asociación de lucha contra el Cáncer de la provincia, o la Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, Fernán González.
En los últimos años de su vida colaboró generosa y abiertamente con los historiadores que nos interesamos por la historia reciente de Castilla y León, y él mismo escribió algunas páginas sobre el asunto, que publicó el Boletín de la Academia de la Historia.
Era un hombre de trato cordial y modos sinceros, atento a los detalles, correcto y siempre dispuesto a ayudar. Compartía con otros políticos de su generación una talla humana y cierto señorío difíciles de describir pero fácilmente perceptibles. Puede que fuera el resultado de la poco frecuente combinación histórica que los hizo posibles, y de cómo vivieron sus responsabilidades. Juan Manuel Reol fue, en efecto, un hombre bien preparado, con una sólida trayectoria profesional al servicio del Estado, que se acercó a la política con la ilusión de construir una democracia en España y de recrear su instituciones en política territorial. Abordó la tarea muy abierto al diálogo, aportó no pocas iniciativas, vio triunfar algunas y fracasar muchas, y se retiró de la política más adelante para regresar a una vida profesional que se continuó enriqueciendo. Gracias a muchos como él hemos heredado una España libre y en paz donde el diálogo político discurre por cauces democráticos y puede ser abordado con modos constructivos.
Varias condecoraciones y premios han reconocido su meritoria carrera, desde la Gran Cruz al Mérito Constitucional y la Encomienda de Alfonso X El Sabio, hasta la Medalla de Oro de la Provincia de Burgos. Pero probablemente su mejor galardón, al margen, claro es, del que reciba en la otra vida, sea el grato recuerdo que deja su atractivo ejemplo en quienes tuvimos la suerte de tratarle, eso que los clásicos llamaron la fama. Descanse en paz.
Publicado en Diario de Burgos el 11 de septiembre de 2008

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Causas sagradas. Religión y política en Europa

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Sacred Causes. Politics and Religion in Europe

Esta segunda entrega del análisis de las relaciones entre religiones y vida pública en la Europa contemporánea bien puede calificarse de apasionante (para la primera, “Poder terrenal”, cfr. Aceprensa 8/06). Para los que no se hayan acercado a la obra, conviene adelantar que Michael Burleigh se ocupa en ella de ese espacio intermedio entre la historia general y la del cristianismo, “donde cultura, ideas, política y fe religiosa se encuentran en un terreno para el que no consigo encontrar una designación satisfactoria”.

Quizá lo más importante de esta obra es que pone de relieve que es imposible entender la Europa contemporánea sin conocer la historia del cristianismo en los dos últimos siglos. Esto, en una época en que en los libros de Historia apenas se encuentran referencias a Dios y a la religión, no es escasa muestra de inteligencia ni de libertad de juicio.

La obra parte de las consecuencias de la Gran Guerra (1914-1918) y llega hasta finales de 2005, con referencias incluso a las ideas sobre la sociedad laica que caracterizan al gobierno español de ese año. Aunque centrado en Europa, el libro contiene referencias numerosas a corrientes y sucesos americanos con especial eco en nuestro continente. Se apoya en una bibliografía abundante y sólida, fundamentalmente anglonorteamericana y alemana, pero también francesa, aunque en absoluto española.

Podemos encuadrarlo en la corriente historiográfica de los conservadores británicos: impugna de forma explícita las opiniones de las corrientes marxistas y posmarxistas, dominantes en lo que denomina “la universidad de izquierda”, es decir, la que tenemos. Su actitud ante el hecho religioso es atenta y perspicaz, aunque se deja ver que no es la de un creyente. Más bien es un churchilliano profundamente convencido del valor de la cultura occidental, consciente de cuánto esa cultura debe al cristianismo y del desastre que sobrevendría de perder esa raíz. Al fin y al cabo su obra es también una colección de ejemplos de lo que ha sucedido cuando el cristianismo ha sido desplazado y sustituido por otras religiones, especialmente las que se han dado en llamar “religiones políticas” o también ideologías secularizadoras.

El comienzo recrea la espiral de vértigo que vivió Europa de la mano de las religiones políticas totalitarias: comunismo, nazismo y fascismo, y desemboca en el infierno de la Segunda Guerra Mundial y el papel desempeñado en ella por el cristianismo y las religiones de sustitución. Quizá lo más interesante sea su estudio del comportamiento de Pío XII y de la Iglesia católica. Las enjundiosas aportaciones sobre quiénes y cuándo comenzaron con las acusaciones sobre el “silencio” de este Papa son muy recomendables para cristianos acomplejados.

Otro elemento que me parece interesante en la obra es la atención prestada a la guerra de España como escenario privilegiado del choque de cristianización y descristianización en la Europa contemporánea. Las brillantes aportaciones del autor y sus discutibles opiniones son una llamada a seguir pensando sobre esta siempre candente cuestión.

El estudio de la posguerra atiende a la construcción de un mundo sin libertad, el comunista, y del efímero éxito de las tendencias demócrata-cristianas. De ahí pasa a un análisis de los sesenta que considero una de las partes más valiosas de su trabajo, quizá precisamente porque son años que suelen evocarse como de pérdida de importancia de la religión cuando quizá tengamos que decir lo contrario. Su descripción de lo que él llama la alternativa bobalicona (al estilo John Lennon) y los efectos del Vaticano II en los católicos, que aventura que convirtieron la fortaleza cultural católica en un colador, es difícil que dejen a alguien indiferente.

Burleigh se pone a prueba a sí mismo con un tremendo capítulo sobre política y religión en torno al problema de Irlanda del Norte, que da pistas sobre asuntos que algún día podríamos pararnos a pensar en España. Para el conocimiento del Reino Unido y de Irlanda me parece una excelente aportación. Termina con dos capítulos centrados respectivamente en el resurgir religioso que terminó con el comunismo y el terrorismo islamista. La mera evocación del contrapunto de estos dos hechos sirve para poner ante el desafío de pensar de nuevo la religión en la vida pública europea, un tema que, como demuestra este magnífico libro, nunca deja de estar de moda.

Pablo Pérez López

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Política y religión. En torno a unos mártires.

El 28 de octubre de 2007 la Iglesia Católica eleva a los altares a 498 hombres y mujeres españoles que murieron por razón de su fe en los revueltos años treinta en España. He leído un artículo de Henri Tincq en Le Monde que me parece una deformación grave de los hechos y su valoración histórica.
Le he escrito la siguiente nota que remití también al diario:
Cortèges espagnols
J’ai pu lire l’article de M. Henri Tincq paru dans Le Monde du 23 octobre sur la béatification des martyrs de la persécution religieuse en Espagne dans les années trente. J’y ai trouvé des aperçus très intéressants, tandis que d’autres affirmations me semblent pouvoir être complétées ou nuancées. Appeller provocation la célébration de la mémoire des personnes qui ont été tuées à cause de sa foi, sans lutter, tout en pardonnant alors qu’elles attendaient sous les verrous leur exécution, souvent au terme de parodie de procès, me semble quand même laisser de côté le cœur de la question, et constitue, à mes yeux, une grave injustice.
Quelques données historiques importantes éclairent un peu différemment les affirmations de l’article. Ainsi, par exemple, l’Eglise espagnole a fait grand cas des crimes des nationalistes. Le cardinal Pacelli, futur Pie XII, tenta d’obtenir de Franco des conditions de reddition honorables pour les prêtres engagés du côté des nationalistes basques, ce que le général refusa. On sait ce qui leur arriva. Le Cardinal Gomá protesta fermement devant Franco contre cette exécution de quatorze prêtres nationalistes basques. Quoi qu’il soit bien différent de parler de ces prêtres, intégrés dans des unités militaires, que des prêtres, séminaristes, religieux ou religieuses qui n’ont jamais songé à participer à une quelconque formation armée et ont été tués, en effet, par haine de la foi, comme le souligne avec justice M. Tincq.
L’absence d’un plan gouvernemental pour tuer ces personnes n’apporte rien, à mon avis, sur le caractère – ou non – de martyrs de ces victimes. Cela éclaire simplement les ciconstances partisanes, locales ou régionales de ces raids qui aboutissaient aux massacres évoqués. Cependant, des listes nominales existaient – les historiens de cette période les évoquent dans leurs travaux – et cela prouve une certaine préméditation. Certains groupes et partis, qui avaient le pouvoir de contrôler la rue, encourageaient leurs militants à faire rage contre les croyants en tant que croyants. L’affaissement du pouvoir étatique et le désordre du camp républicains dessinent une conjoncture qui ne suffit pas cependant à expliquer la haine manifestée contre les croyants.
La chronologie est, elle, très importante : les martyrs de 1934, avant la guerre civile, ne sont pas une anecdote. Ils montrent comment l’Église et les catholiques ont souffert des attaques en silence avant l’éclatement de la guerre. Il ne faut donc pas oublier ces épreuves qui ont précédé la guerre civile au risque de déformer l’histoire. Quand la guerre éclate, le déferlement de la persécution religieuse a contraint les évêques au ralliement à Franco. La figure du cardinal Gomá en est sans doute l’une des meilleurs illustrations. Auteur de la lettre collective des évêques espagnols de 1937 aux catholiques du monde entier, le cardinal Gomá utilise le mot de croisade. L’Église espagnole a depuis reconsidéré ce texte en soulignant les circonstances exceptionnelles et le climat anti-catholique dans lequel il a été écrit. En 1986, à l’occasion du cinquantième anniversaire de la Guerre, la conférence épiscopale publia un document – Constructeurs de la Paix– qui rappelle que « des causes religieuses furent présentes dans l’affrontement entre Espagnols » et que « si l’Église ne prétend pas être libre de toute erreur, ceux qui lui reprochent de s’être alignée sur Franco doivent prendre en compte la dureté de la persécution religieuse depuis 1931 ». En 1999, un autre document épiscopal insiste sur la nécessaire réconciliation : « le sang de tant de nos concitoyens versé comme conséquence des haines et vengeances, toujours injustifiables, et dans le cas de beaucoup de nos frères et sœurs comme offrande martyrisée de la foi, continue de crier vers le Ciel pour demander paix et réconciliation ».
La distinction entre politique et religion peut paraître subtile (trop, affirme l’auteur de l’article), mais elle me semble très nécessaire: des milliers de personnes on donné leur vie pour leur religion. D’autres milliers de personnes ont lutté pour imposer leur politique par les armes et en tuant. Voilà la subtile différence. Voilà pourquoi je pense que la célébration de ces martyrs ouvre un chemin de paix et réconciliation, et je crois qu’ils sont un cortège lumineux pour les Espagnols et aussi, pourquoi pas, pour le pape. Pour ces martyrs ni l’Eglise ni personne ne doit demander pardon. Au contraire, ce serait à nous de leur demander de nous pardonner pour ne pas comprendre comme il faut le sens de leur énorme sacrifice.

Pablo Pérez López est professeur d’Histoire Contemporaine à l’Université publique de Valladolid (Espagne). Spécialiste de l’histoire politique et culturelle de la Castille, il a récemment publié Católicos entre dos guerras. La historia religiosa de España en los años 20 y 30, Madrid, Biblioteca Nueva, 2006.

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