Gran Guerra 1914-1918

La Gran Guerra (o Primera Guerra Mundial) 3

Marc Ferro, La Gran Guerra,  Madrid, Alianza, 1970, edición original, La Grande Guerre 1914-1918, 1969

ferro«Larga, dolorosa, mortífera, la Gran Guerra mostró cómo se mataban unos a otros millones de hombres que todavía la víspera juraban “guerra a la guerra”».  Así comienza el primer capítulo de este clásico de origen francés. Fue escrito en la crisis de 1968, por un discípulo de dos grandes renovadores, Pierre Renouvin y Ferdinand Braudel. Además, Ferro es un hombre interesado en el cine como fuente, y esto tiene su interés para una guerra que fue la primera en dejar un gran rastro cinematográfico. El resultado ha sido un libro breve, asequible al gran público, que ha sido con frecuencia en el que se han formado los historiadores, al menos hasta hace dos décadas. Su lenguaje resultará menos claro que el de los dos anteriores. Su esquema es un clásico de la explicación del conlflicto: 1) Las causas; 2) Formas métodos y fines (cómo fue); 3) El fracaso de la guerra) y 4. De la guerra a la revolución,  la victoria y la derrota. Aunque en parte superado por planteamientos actuales, sigue siendo una obra de referencia recomendable. Es más analítico que los dos británicos breves y el doble de extenso que ellos y requiere una formación o afición histórica algo más elevada.

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Cuando los Estados Unidos decidieron ir a la guerra en Europa

Zimmermann

Tuchman, Barbara W., El telegrama Zimmermann. El documento secreto que cambió el curso de la Primera Guerra Mundial, Madrid, Rba, 2010
Supongo que este es el típico caso de monografía: la historia de un telegrama. Ahora bien, el caso lo justifica, y la historia es para disfrutarla. De hecho es una historia de espías reales, con alemanes, mexicanos, norteamericanos, británicos, suecos y japoneses como actores. Y de matemáticos descifrando códigos, y de submarinos y de conversaciones en el despacho oval de la Casa Blanca… Con los años 1916-1917 como marco, y con el denso telón de fondo de la Gran Guerra.
El asunto puede parecer demasiado especializado y realmente exige conocer al menos someramente el contexto de los contendientes y las circunstancias de la guerra, pero es fácil seguir la narración. Tuchman, como siempre, demuestra maestría escribiendo, aunque este no sea su mejor libro. Por cierto, el original es de 1958. Ya que lo digo… pienso que si este libro sigue siendo tan actual es por el tipo de interpretación que adopta, nada ideológica, ceñida a la descripción y comprensión de personas y  naciones, esos grandes protagonistas de la historia.
Sólo hay que lamentar algunos fallos en la traducción, a veces de puntuación.
Y, la gran pregunta antes de leerlo: ¿cómo un país que mayoritariamente detestaba la idea de ir a la guerra en Europa pudo cambiar de opinión en unas pocas semanas?
A disfrutarlo.

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Entre las causas de Katyn. Un homenaje a Polonia.

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Adam Zamoyski, Varsovia, 1920. El intento fallido de Lenin de conquistar Europa, Madrid, Siglo XXI, 2008, 138 pp.

La trágica noticia del accidente aéreo que ha costado la vida al Presidente de la República de Polonia, Lech Kaczynski, y a casi un centenar de compatriotas suyos, cuando se dirigían a rezar por las víctimas de Katyn y a rendirles homenaje, me ha animado a comentar unas cuantas obras sobre Polonia que estaban esperando su momento.

Comencemos con una breve, pero muy interesante, la de Adam Zamoyski. El libro narra sumariamente el intento soviético de exportar la revolución a Alemania (la revolución lógica y debida en teoría marxista), atravesando Polonia, que “había aparecido” entre los dos países al terminar la Gran Guerra (1914-1918). Comenzaría así, según Lenin, la revolución comunista europea, antesala de la mundial.
Conviene recordar que Alemania, Rusia y Austria-Hungría se había repartido Polonia tiempo atrás, y que sólo en 1919, con los tratados de paz posteriores a la Primera Guerra Mundial, había renacido una Polonia independiente.
Pues bien, el ataque del gigante del Este fracasó, para desconcierto de Lenin. Pero fracasó in extremis, hasta el punto de que los polacos lo llamaron “el milagro del Vístula”.
Stalin tuvo su protagonismo en estos hechos, que luego tergiversó en los libros de Historia para borrar sus errores. Muchos autores ven en esta humillación de las armas soviéticas la raíz de la tragedia de Katyn. Es interesante conocer por qué. Estaría también, por tanto, en la cadena de causas que han conducido al fatal accidente de ayer.
Por cierto, hubo un capitán francés que contempló estos hechos y sacó consecuencias interesantes. Se llamaba Charles de Gaulle.
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