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Sobre historia y biografía

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Ha aparecido una nueva publicación mía: «Relatar una vida. La biografía en el cine. T. E. Lawrence (1888-1935) y Lawrence of Arabia (David Lean, 1962)», en las actas que se pueden consultar en la red del congreso sobre el relato que dirigí hace un año: Actas del VI Congreso Internacional de Análisis Textual: El Relato (2010)

Así dice la introducción:

Dar cuenta de la vida de alguien, ser capaz de evocarla, de relatarla, es un viejo desafío humano. La literatura ha recogido testimonios bien antiguos, pero es seguro que los ensayos orales lo eran todavía más. Las sagas, las viejas historias que fundamentan la vida de grupos y familias, que se recitaban al amor de la lumbre y que constituían al grupo al contarle su historia, incluían siempre relatos sobre sus héroes. De alguna manera, el relato era imprescindible para reconocerlos como tales.

En el mundo contemporáneo el cine ha tomado en buena medida el relevo de esos medios tan eficaces y populares de transmitir la historia. La gran pantalla es el camino por el que muchos han recibido la idea que tienen de cómo fue el pasado y cómo fueron sus gentes, y lo transmite no al modo de la historia académica, sino con la fuerza persuasiva de esos viejos relatos familiares, como ha apuntado Robert Rosenstone:

El film tradicional nos explica la historia como una narración con un principio, un desarrollo y un final. Este relato lleva implícito un mensaje moral, por lo general optimista (…) la humanidad mejora y/o ha mejorado.

El cine explica la historia mediante los avatares de individuos, hombres o mujeres (más frecuentemente los primeros), que son importantes o que han de serlo porque la cámara los ha escogido para que tengan esa dimensión en la pantalla.» (El pasado en imágenes. El desafío del cine a nuestra idea de la historia, Barcelona, Ariel, 1997, p. 50)

La historia que cuenta el cine tiene siempre protagonistas, no es nunca abstracta, no puede serlo, pero hay un caso en que esa circunstancia está todavía más subrayada: en el caso de las biografías. Los relatos de vidas en el cine, relativamente frecuentes como género, requieren un doble subrayado de la cuestión del protagonismo. Su tema es una historia con un protagonista que es, precisamente, el que hizo la historia, el que la hizo relevante. De ahí que al género biográfico en cine se le haya llamado con frecuencia “biopic”, con un barbarismo nacido del tono épico típico de las cintas de tema biográfico.

Para acercarnos al tema de cómo el cine cuenta vidas hemos elegido una película de este género que está entre las mejores de la historia del cine, Lawrence of Arabia, de David Lean, que se ocupa de la vida de T. E. Lawrence (1888-1935). Hay un cambio en el nombre del protagonista que es ya significativo, de Lawrence a Lawrence de Arabia hay una distancia importante, que tiene que ver con los hechos que hicieron famoso a T. E. Lawrence y que son, precisamente, el asunto de la película, aunque no de toda, como veremos enseguida. La película tuvo éxito: ganó siete Oscar, incluido el de mejor película, en 1962, todo un récord de reconocimiento en su propio tiempo.

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Una idea original de cine español sobre una historia apasionante

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Hace tiempo que suelo mencionar en clase, cuando hablo del desembarco de Normandía, a Juan Pujol, el espía español que fue agente doble británico, y uno de los dos hombres clave en la operación para engañar a Hitler con motivo del desembarco de Normandía. El otro era un polaco, qué coincidencia.

Es uno de esos españoles que merecen conocerse. Quizá por eso se hable poco de él, y nadie o casi nadie se preocupe de su historia o su memoria.

Su figura se ha ido conociendo algo más últimamente, pero para popularizarla hacía falta una película. Lo difícil, por su perfil biográfico —había combatido con Franco, y era netamente antinazi— era que alguien se animara a hacerlo. Pero ¡ha ocurrido! Edmond Roch, un director español, se ha animado con ello, y ha elaborado un producto realmente original que vale la pena conocer. José María Caparrós lo llama un thriller documental, y explica en su blog los méritos que encuentra en él, y lo inteligente de la solución: era la forma de abordar la tarea de forma barata, o no muy cara para ser más exactos.
Esta vez el cine histórico español está de enhorabuena. Habrá que celebrarlo, porque no ocurre muchas veces. El trailer está en youtube.
Ha recibido tres premios: Giraldillo de Oro al mejor documental en el Festival de Cine Europeo Sevilla Eurodoc 2009. Goya al Mejor largometraje documental en los XXIV Premios Goya 2010 y Mejor película documental y mejor guión en los II Premios Gaudí 2010.
En sala el ministerio le asigna poco más de 28.000 espectadores, que no está mal.
¡Enhorabuena Edmond, y muchas gracias!
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