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Sobre Leopoldo Calvo-Sotelo, la política exterior española y Europa

Acabo de publicar con Jorge Lafuente un artículo en Arbor que resumimos así:

Leopoldo Calvo-Sotelo desempeñó importantes responsabilidades ejecutivas en los gobiernos de la Transición, incluida la presidencia del Gobierno. Su gestión estuvo intensamente vinculada a las relaciones exteriores, dentro del proyecto que él mismo denominó «transición exterior». El artículo, basado en buena medida en documentación conservada en su archivo personal, analiza cuáles fueron sus principales ideas y en qué medida su concepto de Europa desempeñó un papel relevante en la formulación y ejecución de su política. Analiza esos hechos en relación con otros dirigentes del momento, especialmente Adolfo Suárez y Felipe González. Las conclusiones permiten conocer en qué consistió el europeísmo del principal protagonista de estos hechos.

El artículo se puede leer on-line aquí: http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/1971/2330

Se puede descargar haciendo clic aquí.

Leopoldo Calvo-Sotelo played an important role in the Spanish Transition to democracy. He was member and also President of the Government. His political career was closely attached to Foreign Affairs and to the process of «Foreign Transition» as he liked call it. This paper, mainly based upon his Personal Archives, shows his thoughts and achievements about the topic. We analyze his idea of Europe, directly related with his intellectual life and his political activities. We compare Calvo-Sotelo’s ideas and realizations with those of other political leaders as Adolfo Suárez and Felipe González. The conclusions show the nature and characteristics of the pro-European ideas of Leopoldo Calvo-Sotelo.

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Sobre Pablo VI y Franco

Con motivo de la beatificación de Pablo VI he publicado estas líneas en el diario madrileño La Razón 20/10/14, p. 43). Algún día me gustaría escribir con más calma y más largo sobre este asunto.

El texto en pdf

«El pontífice y Franco

Atender a las relaciones de un papa con un jefe de estado supone una importante restricción del punto de vista: inclina a hacer de la política el centro de la reflexión y aparta de nuestra mirada otros elementos de indudable importancia. Eso a pesar de que estemos hablando de dos personas que nunca se encontraron: su relación fue siempre a distancia.

Sus perfiles nos ponen ante una realidad muy interesante: la respuesta plural a las cuestiones políticas por parte de personas que profesan una misma religión. Porque eso tenían en común Giovanni Battista Montini y Francisco Franco: su fe común, ser contemporáneos y tener responsabilidades de gobierno fue lo que compartieron. Y poco más. A partir de ahí empiezan las diferencias.

Montini, hombre de marcado perfil intelectual, tuvo una experiencia de la política en cierto modo externa: debió promover las obras católicas que sirvieran en Italia de alternativas a un estado hostil, el liberal primero y el fascista después. Cuajó así en él la convicción de que se necesitaba una movilización de los católicos que hiciera frente a los nuevos desafíos políticos del momento. La tragedia de la segunda guerra mundial dio una oportunidad inesperada a su proyecto con el triunfo de la Democracia Cristiana tras la guerra. Así pues, se convenció de que la república y la participación democrática eran caminos válidos para aspirar a una cristianización de la sociedad y para detener ofensivas ateas, en concreto la comunista.

Franco, por su parte vivió una experiencia muy diferente: aceptó la república contrariado y terminó por sentirse defraudado por ella. Se levantó en armas para salvarla (eso proclamaba su primer manifiesto) y la hundió definitivamente con una guerra que le convenció de que la victoria sobre la amenaza comunista era cuestión de lanza y no de pluma. Su idea de la movilización católica cristalizó en la que vivió durante la guerra, de cerrada autodefensa. Pensó que desde el poder podía garantizar el catolicismo de un pueblo mediante la confesionalidad y le tocó vivir al final un amargo desengaño, al verse empujado a la represión de aquellos mismos a los que creía prestar servicio.

No es extraño que entre estos dos personajes se produjeran desencuentros. Son el testimonio de la respuesta plural que los católicos dan a las cuestiones temporales y de cómo cambian estas con el tiempo. Es una lección interesante sobre la necesidad de no confundir creencias y opiniones políticas.»

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Gran Guerra 1914-1918

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Werner Beumelburg, Barrera de fuego (Breve historia de la Gran Guerra), Madrid, Iberia, 1933. T.O.: Sperrfeuer um Deutschland, 1929.

barreraPara terminar, traigo a colación este libro porque es una rareza que cabe encontrar en algunas bibliotecas españolas y puede interesar a los iniciados en el tema. De hecho, ha sido reeditado en francés hace pocos años. Es una historia de la Gran Guerra escrita por un alemán que participó en ella, y escrita antes de la subida de Hitler al poder. Su tesis fundamental es que Alemania no fue la culpable, sino la víctima principal de la enemistad rusa y de la irresponsable ambición británica. Esos dos elementos son los principales en las causas que se descubren. El lenguaje está algo obsoleto y pueden pesar los adjetivos, pero el contenido es interesante por razones doblemente históricas.

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Gran Guerra 1914-1918

La Gran Guerra (o Primera Guerra Mundial) 9

Christopher Clark, Sonámbulos. Cómo Europa fue a la Gran Guerra, Barcelona, Galaxia Gutemberg-Círculo de lectores, 2014. T.O.: The Sleepwalkers. How Europe Went to War in 1914, 2012.

clarkUna mirada diferente al comienzo de la guerra, construida después de 2001, de los atentados de las Torres Gemelas y en la post guerra fría. El autor vuelve a poner a Austria-Hungría y a Serbia en el centro de atención de las decisiones para indagar cómo se llegó a tomar la decisión de ir a la guerra. Un estudio muy bien documentado, posterior a los más de 25.000 trabajos sobre la Gran Guerra que enriquecen (¿y a veces entorpecen?) nuestro conocimiento del conflicto. Un retrato de la época y del suceso muy bien trabajado por este catedrático de Cambridge que ha conseguido hacer algo nuevo en un terreno tan trabajado. Aunque ágil en la redacción, requiere hábitos de lectura de historia para disfrutarlo. Pero se disfruta mucho, al menos en mi caso.

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Gran Guerra 1914-1918

La Gran Guerra (o Primera Guerra Mundial) 8

Margaret Macmillan, 1914 de la paz a la guerra, Madrid, Taurus, 2013. T.O. The war that ended peace. How Europe abandoned peace for the First World War, 2013.

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Esta catedrática de Oxford, que se había dado a conocer por su estudio sobre cómo se hicieron las paces tras la Gran Guerra (París 1919. Seis meses que cambiaron el mundo, 2005), ofrece aquí una alternativa actualizada de las causas próximas y la historia del comienzo. Con un esquema clásico, que analiza país por país y sus relaciones, es un análisis detallado, de casi novecientas páginas, que gustará más a los que saben algo del asunto. No tiene el pulso narrativo de Tuchman.

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Gran Guerra 1914-1918

La Gran Guerra (o Primera Guerra Mundial) 7

Barbara W. Tuchman, Los cañones de agosto. Treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo, Barcelona, Península, 2004. T.O.: The guns of August, 1962.

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Quizá la obra más famosa sobre la Primera Guerra Mundial, con razones en sí mima para serlo, pero también por motivos comerciales y de coincidencia histórica. Una de las más famosas es que John F. Kennedy leyó este libro antes de la crisis de los misiles de Cuba y que influyó en él para moderar sus impulsos belicistas en ese grave momento. No es propiamente una historia de la Gran Guerra, sino un relato de sus primeros momentos pensado para que el lector devore con ansia cada página. Tuchman lo consigue: construye retratos coloristas y muy vivos de los protagonistas, pone ante los hechos de tal manera que parecen estar ocurriendo ante los ojos del lector, y dosifica la información de forma que el acontecer del pasado parece sincronizarse con la lectura. En algunos aspectos los conocimientos que ofrece han sido superados, en estilo no: es ya un clásico.

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