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Sobre Pablo VI y Franco

Con motivo de la beatificación de Pablo VI he publicado estas líneas en el diario madrileño La Razón 20/10/14, p. 43). Algún día me gustaría escribir con más calma y más largo sobre este asunto.

El texto en pdf

«El pontífice y Franco

Atender a las relaciones de un papa con un jefe de estado supone una importante restricción del punto de vista: inclina a hacer de la política el centro de la reflexión y aparta de nuestra mirada otros elementos de indudable importancia. Eso a pesar de que estemos hablando de dos personas que nunca se encontraron: su relación fue siempre a distancia.

Sus perfiles nos ponen ante una realidad muy interesante: la respuesta plural a las cuestiones políticas por parte de personas que profesan una misma religión. Porque eso tenían en común Giovanni Battista Montini y Francisco Franco: su fe común, ser contemporáneos y tener responsabilidades de gobierno fue lo que compartieron. Y poco más. A partir de ahí empiezan las diferencias.

Montini, hombre de marcado perfil intelectual, tuvo una experiencia de la política en cierto modo externa: debió promover las obras católicas que sirvieran en Italia de alternativas a un estado hostil, el liberal primero y el fascista después. Cuajó así en él la convicción de que se necesitaba una movilización de los católicos que hiciera frente a los nuevos desafíos políticos del momento. La tragedia de la segunda guerra mundial dio una oportunidad inesperada a su proyecto con el triunfo de la Democracia Cristiana tras la guerra. Así pues, se convenció de que la república y la participación democrática eran caminos válidos para aspirar a una cristianización de la sociedad y para detener ofensivas ateas, en concreto la comunista.

Franco, por su parte vivió una experiencia muy diferente: aceptó la república contrariado y terminó por sentirse defraudado por ella. Se levantó en armas para salvarla (eso proclamaba su primer manifiesto) y la hundió definitivamente con una guerra que le convenció de que la victoria sobre la amenaza comunista era cuestión de lanza y no de pluma. Su idea de la movilización católica cristalizó en la que vivió durante la guerra, de cerrada autodefensa. Pensó que desde el poder podía garantizar el catolicismo de un pueblo mediante la confesionalidad y le tocó vivir al final un amargo desengaño, al verse empujado a la represión de aquellos mismos a los que creía prestar servicio.

No es extraño que entre estos dos personajes se produjeran desencuentros. Son el testimonio de la respuesta plural que los católicos dan a las cuestiones temporales y de cómo cambian estas con el tiempo. Es una lección interesante sobre la necesidad de no confundir creencias y opiniones políticas.»

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Gran Guerra 1914-1918

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Werner Beumelburg, Barrera de fuego (Breve historia de la Gran Guerra), Madrid, Iberia, 1933. T.O.: Sperrfeuer um Deutschland, 1929.

barreraPara terminar, traigo a colación este libro porque es una rareza que cabe encontrar en algunas bibliotecas españolas y puede interesar a los iniciados en el tema. De hecho, ha sido reeditado en francés hace pocos años. Es una historia de la Gran Guerra escrita por un alemán que participó en ella, y escrita antes de la subida de Hitler al poder. Su tesis fundamental es que Alemania no fue la culpable, sino la víctima principal de la enemistad rusa y de la irresponsable ambición británica. Esos dos elementos son los principales en las causas que se descubren. El lenguaje está algo obsoleto y pueden pesar los adjetivos, pero el contenido es interesante por razones doblemente históricas.

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Gran Guerra 1914-1918

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Christopher Clark, Sonámbulos. Cómo Europa fue a la Gran Guerra, Barcelona, Galaxia Gutemberg-Círculo de lectores, 2014. T.O.: The Sleepwalkers. How Europe Went to War in 1914, 2012.

clarkUna mirada diferente al comienzo de la guerra, construida después de 2001, de los atentados de las Torres Gemelas y en la post guerra fría. El autor vuelve a poner a Austria-Hungría y a Serbia en el centro de atención de las decisiones para indagar cómo se llegó a tomar la decisión de ir a la guerra. Un estudio muy bien documentado, posterior a los más de 25.000 trabajos sobre la Gran Guerra que enriquecen (¿y a veces entorpecen?) nuestro conocimiento del conflicto. Un retrato de la época y del suceso muy bien trabajado por este catedrático de Cambridge que ha conseguido hacer algo nuevo en un terreno tan trabajado. Aunque ágil en la redacción, requiere hábitos de lectura de historia para disfrutarlo. Pero se disfruta mucho, al menos en mi caso.

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Margaret Macmillan, 1914 de la paz a la guerra, Madrid, Taurus, 2013. T.O. The war that ended peace. How Europe abandoned peace for the First World War, 2013.

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Esta catedrática de Oxford, que se había dado a conocer por su estudio sobre cómo se hicieron las paces tras la Gran Guerra (París 1919. Seis meses que cambiaron el mundo, 2005), ofrece aquí una alternativa actualizada de las causas próximas y la historia del comienzo. Con un esquema clásico, que analiza país por país y sus relaciones, es un análisis detallado, de casi novecientas páginas, que gustará más a los que saben algo del asunto. No tiene el pulso narrativo de Tuchman.

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Barbara W. Tuchman, Los cañones de agosto. Treinta y un días de 1914 que cambiaron la faz del mundo, Barcelona, Península, 2004. T.O.: The guns of August, 1962.

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Quizá la obra más famosa sobre la Primera Guerra Mundial, con razones en sí mima para serlo, pero también por motivos comerciales y de coincidencia histórica. Una de las más famosas es que John F. Kennedy leyó este libro antes de la crisis de los misiles de Cuba y que influyó en él para moderar sus impulsos belicistas en ese grave momento. No es propiamente una historia de la Gran Guerra, sino un relato de sus primeros momentos pensado para que el lector devore con ansia cada página. Tuchman lo consigue: construye retratos coloristas y muy vivos de los protagonistas, pone ante los hechos de tal manera que parecen estar ocurriendo ante los ojos del lector, y dosifica la información de forma que el acontecer del pasado parece sincronizarse con la lectura. En algunos aspectos los conocimientos que ofrece han sido superados, en estilo no: es ya un clásico.

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La Gran Guerra (o Primera Guerra Mundial) 6. En el centenario del ataque austriaco a Serbia.

Hoy se cumplen cien años del ataque austriaco a Serbia, del comienzo de la semana que conduciría a una guerra general de proporciones desconocidas. Buen día para retomar el repaso bibliográfico.

Stevenson, David, 1914-1918. Historia de la Primera Guerra Mundial, Barcelona, Debate, 2013. T.O: 1914-1918. The History of the First World War, 2004.

El trabajo más completo de los presentados hasta ahora, casi 900 páginas. Consciente de la densidad de significado del hecho es un intento de escribir una historia a la vez informativa y renovadora de la interpretación del conflicto. Eso lleva al autor a organizar la obra de forma explicativa pero procurando respetar la cronología para hacer inteligible la guerra como la vivieron los protagonistas. De ahí surge un esquema interesante: ¿Por qué estalló la violencia? ¿A qué se debió su escalada? ¿Cómo acabó?¿Cuál fue la naturaleza de su impacto? La primera y la última de las preguntas ocupan algo más de cien páginas, mientras que las dos centrales merecen 240. El libro está muy bien escrito, pero requiere conocimientos previos para leerlo con gusto. La interpretación es atractiva, novedosa en muchos aspectos, contradice algunas de las ideas asentadas en otros autores, sobre todo en la interpretación de causas y consecuencias. Una obra magnífica para entender no solo la Primera Guerra Mundial, sino también la Segunda.

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Publicaciones propias

Una panorámica de los años 60 del siglo XX: «El mundo en que vio la luz el Concilio»

Esta publicación recoge mi visión de los años en que se desarrolló el Concilio Vaticano II. Convocado en 1959 por Juan XXIII, sus sesiones se desarrollaron entre 1962 y 1965. Estas páginas intento trazar una panorámica de la situación mundial en los años del Concilio Vaticano II, dicho de otra forma, decir algo de lo que podríamos llamar el poder terrenal en ese tiempo, ya que esa suele ser la circunstancia más relevante cuando se mira nuestro pasado desde el punto de vista de la historia general.
Está estructurado en torno a tres elementos: las relaciones internacionales, la situación en los Estados Unidos, en el mundo soviético, y en los nuevos países.

Como apunto en las conclusiones, si hubiera que resaltar alguna característica particular de aquellos años, pienso que se podría resumir en la idea de que, a pesar de las sombras, muchos pensaban estar construyendo un mundo nuevo. La sensación de vivir en un mundo joven y renovado empapa todo el acontecer y está en la base de muchos de los proyectos que formulaban entonces. Un mundo mejor parecía al alcance de la mano, especialmente para los que no se conformasen con otro peor y caduco del que era necesario desprenderse. Solo parecía cuestión de desearlo con suficiente intensidad, y ciertamente entusiasmo no faltó ni en los deseos ni en los medios para intentar alcanzarlo.

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