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La misma cuestión cien años más tarde. Historia y matrimonio

Stegner, Wallace, Ángulo de reposo, Barcelona, Libros del Asteroide, 2009

 

El protagonista de esta novela es un catedrático de historia norteamericano ya jubilado, Lyman Ward. Desde luego, la forma en que este hombre ficticio reconstruye la historia de su abuela tiene mucho de aleccionador para cualquiera que haya intentado escribir algo de historia, y más si se trataba de historia de las mentalidades o de eso que –algo pomposamente– llaman algunos «microhistoria». Stegner escribe muy, muy bien, y cala con profundidad en el alma humana, que es lo que uno busca siempre en la buena literatura.

Otro interés añadido de la historia está en que se basa en documentos reales: la correspondencia de una ilustradora norteamericana, May Hallock Foote, que sería la abuela de Ward. Ese juego entre la historia documentada y la ficción tiene siempre un especial atractivo, plantea preguntas acerca de la verdad histórica y el tiempo que merecen pensarse y repensarse.

En tercer lugar, es un libro que enseña mucho de historia de norteamérica, de los Estados Unidos ante todo, de las diferencias entre el Este y el Oeste, y algunas cosas interesantes de México y por eso de historia de España. Y no hablo solo de historia del siglo XIX y comienzos del XX.

Finalmente, en mi opinión lo que lo hace más grande es la fuerza con que evoca el problema central que aborda: la cuestión del criterio moral sobre la propia vida, el amor y el matrimonio. Pienso que podría resumirse diciendo que es una reflexión sobre la permanencia del amor como cuestión central de la vida y del matrimonio como el lugar en que ordinariamente se resuelve. En ese sentido es apasionante y, en mi opinión, bastante acertada, aunque no muy esperanzada. El matrimonio que se estudia es el de los años finales del siglo XIX, pero en realidad se está pensando al hablar de él, como siempre pasa con la historia y también con la literatura, en lo que ocurría con los matrimonios de los años finales del XX (el libro fue premio Pulitzer en 1972). Su esfuerzo de análisis psicológico de un hombre y una mujer y de sus más allegados es impresionante. Cuando toca los temas más profundos casi se atreve a hablar de Dios, aunque se advierte que la cuestión todavía produce vértigo al autor. Hay ahí una aridez desasosegante típica de la cultura en que ha crecido la obra.

Anguloreposo

Es extenso, 703 páginas, magnífico como texto, de esos que resulta difícil dejar de leer. Una gran obra de literatura que ayuda a entender mejor la historia norteamericana y la de todos nosotros. La cuestión del título, qué sea el «ángulo de reposo», pienso que es mejor dejarla para la lectura directa de la obra. El autor es un maestro en dosificar informaciones y ésta la administra muy pausadamente en su escrito. No me atrevo a enmendarle la plana en esto…

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