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Cuando los Estados Unidos decidieron ir a la guerra en Europa

Zimmermann

Tuchman, Barbara W., El telegrama Zimmermann. El documento secreto que cambió el curso de la Primera Guerra Mundial, Madrid, Rba, 2010
Supongo que este es el típico caso de monografía: la historia de un telegrama. Ahora bien, el caso lo justifica, y la historia es para disfrutarla. De hecho es una historia de espías reales, con alemanes, mexicanos, norteamericanos, británicos, suecos y japoneses como actores. Y de matemáticos descifrando códigos, y de submarinos y de conversaciones en el despacho oval de la Casa Blanca… Con los años 1916-1917 como marco, y con el denso telón de fondo de la Gran Guerra.
El asunto puede parecer demasiado especializado y realmente exige conocer al menos someramente el contexto de los contendientes y las circunstancias de la guerra, pero es fácil seguir la narración. Tuchman, como siempre, demuestra maestría escribiendo, aunque este no sea su mejor libro. Por cierto, el original es de 1958. Ya que lo digo… pienso que si este libro sigue siendo tan actual es por el tipo de interpretación que adopta, nada ideológica, ceñida a la descripción y comprensión de personas y  naciones, esos grandes protagonistas de la historia.
Sólo hay que lamentar algunos fallos en la traducción, a veces de puntuación.
Y, la gran pregunta antes de leerlo: ¿cómo un país que mayoritariamente detestaba la idea de ir a la guerra en Europa pudo cambiar de opinión en unas pocas semanas?
A disfrutarlo.

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Una carta al rector de mi Universidad, con motivo de un penoso incidente

Señor Rector:

El pasado día 6 la Universidad cedió su Paraninfo para un acto organizado por una asociación ciudadana titulado Las raíces judeo-cristianas de Occidente: un fraude histórico a combatir. Como ya sabe, consistió en una colección de burlas blasfemas, en definitiva en una agresión calculada a las creencias de muchos profesores y alumnos de nuestra Universidad, las mías entre otros.

Como toda agresión, es una herida para cualquier persona de buena voluntad que ame la convivencia pacífica. No me me parece tan grave que se ofendan las creencias de alguien —es inevitable— como que nuestra Universidad se convierta en sede de un acto de violencia verbal, humillación ajena y escarnio. No estamos para eso, sino para lo contrario.

Considero por eso importante manifestar mi protesta porque entiendo fundamental distinguir entre la libertad de expresión y la de agresión, y porque comprendo que a veces el Código Penal no basta: hace falta un toque de conciencia ciudadana en las instituciones para garantizar la calidad de la convivencia. Es responsabilidad mía, pero especialmente del Rector, que esa conciencia se mantenga viva en la Universidad de Valladolid. Estoy convencido de que usted piensa lo mismo, pero, ya que autorizó el acto, comprenderá que le pregunte si es o no así. Me agradaría mucho saber que repulsa el contenido vejatorio que tuvo y las agresiones vertidas en él, y que desea evitar que otros de esa catadura vuelvan a repetirse si usted puede evitarlo.

Atentamente,

Si me contesta, lo publicaré.

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